La primera parte estuvo dedicada a los bosques. Después del éxito obtenido, ahora le toca el turno a las flores.La primera cita será en la Casa de Cultura de Cruces ( Baracaldo-Vizcaya ) del 16 al 30 de Junio.
/*IÑAKI JAVIER COMENTARIO: LO ANTERIOR REDIRIGE LANATURALEZAHABLA A JAVIEALONSOTORRE.COM*/
La primera parte estuvo dedicada a los bosques. Después del éxito obtenido, ahora le toca el turno a las flores.
Un banquero de inversión americano estaba en el muelle de un pueblito costero mexicano cuando llegó un botecito con un solo pescador. Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño.
El americano elogió al mexicano por la calidad del pescado y le preguntó:
- ¿Cuánto tiempo le tomó pescarlos?
El mexicano respondió:
- "Sólo un poco tiempo".
El americano luego le preguntó:
El pescador mexicano dijo:
El americano replicó:
El pescador mexicano preguntó:
El americano se rió y dijo que esa era la mejor parte.

Estas particularidades hacen que el diseño y colocación de su plumaje deban estar en perfecto estado de revista. Para ello agita las plumas y se las coloca con el pico para que todo esté listo.

A pesar de que aun nos queden un par de nevadas por llegar y unos cuantos días de ambiente invernal, la primavera ya se va dejando ver. Las flores se afanan por mostrar sus colores y en los valles los árboles empiezan a lucir amagos de hojas.
Un poco más arriba la cosa cambia. Cuando abandonas el valle el invierno aun tiene atenazada la naturaleza. La memoria de los árboles les avisa de que aún es pronto y arriesgado empezar a gastar energía en lucir su traje verde.
Como veis, el sitio que buscaba es un bosquecito de hayas trasmochas. Arboles que por la mano del hombre han adquirido estas curiosas formas haciéndolas parecer seres mitológicos a la espera de algún incauto.
Con el apogeo industrial y el uso del carbón mineral se dejó de dar uso a los árboles, siguiendo estos con su instinto natural. Esto es, crecer hacia arriba más que el de alado para obtener más luz.
Caminaba entre ellos y pensaba en la cantidad de cosas que han pasado en el mundo desde que estos árboles no eran más que un retoño. La pena de que un ser con tantos años a sus espaldas se hubiera ido me acompañaba en mi recorrido, hasta que un poco más arriba me encontré con un grupo de tejos, algunos de ellos de más de 700 años.Me senté un rato observándolo con calma, intentado imaginar lo relativo que sería para el todo lo que yo acababa de pensar. Cuando esas hayas no eran más que jóvenes arbolitos el tejo ya había vivido varios siglos. Casi nada. Aun no se había descubierto América y si hiciera una foto a alguno de los habitantes que lo vio nacer quizá pensara que le había robado el alma.